¿Qué es el método SMART y cómo te ayudará a conseguir tus objetivos en el 2020?

metodo smartCuando queremos elaborar un plan de acción nos topamos con la dificultad de establecer objetivos específicos. Dado que una de las principales funciones de un buen líder es la de diseñar una estrategia de negocio, hacerlo correctamente marcará la diferencia entre triunfar o fracasar en el intento. No obstante, gracias al método SMART nos catapultaremos hasta el éxito.

Nuestro primer paso de camino a nuestros logros profesionales se encuentra en establecer metas y valorar sus dimensiones: si éstas son pequeñas podremos asumirlas poco a poco. Pero si son grandes, deberemos dividir nuestra estrategia en objetivos menores alcanzables, fijando una fecha límite para no retrasar nuestro proyecto empresarial. De este modo, podremos asumirlos con la certeza de que se conseguirán al ciento por ciento. Asimismo, cada uno de estos subobjetivos deberán ser formulados a través del método SMART.

¿En qué consiste exactamente el método SMART?

Estamos hablando de un método muy efectivo con el que alcanzarás todas tus metas. Con esta herramienta, diseñarás un camino para, literalmente, lograr todos tus proyectos. De hecho, se trata de un método usado actualmente por profesionales y expertos del mundo empresarial para fijar metas y asumirlas, ya sea a corto o largo plazo.

El origen de esta palabra se basa en cada una de las letras que la conforman, por lo tanto, se trata de un acrónimo de cinco palabras inglesas: Specific, Measurable, Achievable, Relevant y Time-oriented. Al mismo tiempo, la palabra SMART significa, en inglés: inteligente.

– Específico (Specific)

Empecemos por establecer metas simples y claras. Cuando un objetivo no está bien definido, difícilmente sabrás cuando lo has asumido del todo y acabarás dejándolo de lado. Prueba por responder con precisión algunas preguntas clave como: saber qué quieres exactamente y cómo pretendes conseguirlo. Por ejemplo, no es lo mismo tener el objetivo: “Quiero que mi empresa crezca” a “voy fijar nuevos departamentos focalizados en X para aumentar mis beneficios”.

Medible (Measurable)

Cualquier objetivo que marques debe ser medible. Para ejemplificar esto, podemos ver como el objetivo “quiero saber más idiomas” es una afirmación ambigua, en cambio “quiero apuntarme a una academia y mejorar mi inglés hasta obtener un nivel ‘advanced’”, es una meta medible.

 Alcanzable (Achievable)

No sirve de nada establecer objetivos que no puedas lograr. Calcula si se trata de un objetivo realista y acorde a tus posibilidades. La ambición puede ser una motivación pero dejarse llevar por ella nos puede abocar al fracaso. Plantear metas imposibles no nos lleva a ninguna parte. Un nuevo emprendedor que acaba de abrir su pequeña tienda de ropa en el barrio, por ejemplo, no puede pretender alcanzar el imperio de Amancio Ortega en medio año de trabajo. No obstante, puede intentar contactar con nuevos proveedores de telas o con empresas de transporte para favorecer la distribución de sus productos, así como mejorar el servicio post-venta para fidelizar a sus clientes.

Relevante (Relevant)

Muchas veces ponemos metas que las mismas personas no saben muy bien para qué pueden servir. Debe haber una buena razón para conseguir tu objetivo, una meta orientada a resultados.

La motivación es fundamental para alcanzar una meta. Es por eso que los objetivos deben de estar siempre formulados en positivo. Una mentalidad pesimista será un obstáculo más que nos dificultará asumir nuestra idea de negocio. El optimismo, en cambio, es una más que eficiente herramienta para mantener nuestra mente despierta y motivada, así como la de nuestros trabajadores y compañeros.

Limitado en el Tiempo (Time-Oriented)

Nuestros objetivos tienen que tener una fecha de finalización, de este modo, el compromiso será más fiel y tenaz. El hecho de tener apuntada una fecha en el calendario, motiva a la plantilla a lograrla e incluso, a conseguirla antes de tiempo. Es una especie de reto personal y, cuando llevamos cualquier proyecto a ese terreno, los resultados acaban siendo más fructíferos si cabe, porque entramos en el campo del orgullo propio y la superación.

En resumen, para una buena formulación de objetivos estos deben de:
Ponerse en positivo, dividirse en subobjetivos para que sean asumibles, ser específicos, ser alcanzables, ser realistas y deben de ponerse en el tiempo.

No hay fracaso peor que no haberlo intentado. Felices resultados.