Racionalizar los horarios: una apuesta por la productividad.

Mientras nosotros vemos el programa líder de audiencia de la temporada, en Alemania están ya descansando en la cama. En Italia, donde han cenado a las 19.30- 20.00, están también en ello. Lo que a priori puede parecer una anécdota es, en la práctica, un retraso medio de dos horas que afecta a la organización diaria de todos los ámbitos de nuestra vida: el trabajo, la familia y el ocio.

Y es que trabajamos más horas que el resto con peores resultados (la productividad es menor) y nuestros horarios son un lastre para la tan ansiada conciliación de la vida laboral y personal.  Somos uno de los países de la UE con menor productividad, sin embargo nuestra media de horas anuales trabajadas es de 1.699 según la OCDE, muy por encima de Francia (1.489) y Alemania (1.362). Los datos hablan por sí solos y apuntan a que algo estamos haciendo mal en la forma de distribuir y aprovechar nuestro tiempo.

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Y es que además de la disfunción horaria que se puede apreciar en la imagen,  perdemos entre una y dos horas para comer y entre media hora y una hora completa en el descanso a media mañana. Ello se debe a las largas jornadas que comienzan pronto y acaban tarde, unido a los horarios de la comida. Entre las ocho de la mañana (horario habitual de entrada en las empresas) y las tres de la tarde (horario habitual de comida), realizamos un descanso para el almuerzo o “de media mañana” que no existe en otros países, un descanso necesario para combatir el cansancio y reponer fuerzas que en realidad prolonga aún más la duración de la jornada laboral.

Por inercia, las empresas se resisten a abandonar los horarios de jornada de trabajo partida por el pensamiento de que “cuántas más horas trabajas, mejor”. Las eternas y rígidas jornadas de trabajo que arrastramos desde la posguerra perviven en un mundo en el que la tecnología permite trabajar a distancia y en el que los trabajadores aspiran con poder aunar vida profesional y personal.

Sin embargo, y a pesar de que aún los casos son aislados, cada vez son más las empresas que se alinean en favor de horarios más productivos que permitan al empleado rendir al máximo en las jornadas laborales y al mismo tiempo disponer de tiempo personal para compatibilidad vida personal y profesional. Es el caso de multinacionales como Iberdrola, la primera empresa del Ibex-35 en implantar la jornada continuada e intensiva para optimizar las horas de trabajo de su plantilla y fomentar la conciliación. En Cataluña, por ejemplo, muchas compañías forman parte ya de la Red NUST (Nuevos Usos Sociales del Tiempo), una iniciativa creada en el año 2006 por el Ayuntamiento de Barcelona con el objetivo de facilitar una mejor gestión del tiempo y conciliación de la vida laboral, familiar y personal.

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Se ha evidenciado que a más motivación, más compromiso con la empresa, y que una reorganización de los horarios basada en el pacto y el consenso repercute en la productividad en especial en las empresas pequeñas, de menos de 50 empleados.

El enfoque es el trabajo eficaz, que no sea el reloj el que marque la manera de trabajar.  Alcanzar una óptima gestión del tiempo es de vital importancia para nuestro rendimiento. Se trata de que el empleado tenga una mayor libertad a la hora de fija su horario de entrada/salida a la oficina. Es el propio empleado quien en base a su experiencia se impone mayor flexibilidad para realizar su tarea, dejando el presencialismo a un lado.