En los tiempos en los que nos encontramos a muchos nos toca darle un giro a nuestra organización. El mercado en poco tiempo ha cambiado mucho y ahora tenemos que dar mucho más valor a nuestro producto o servicio. Lo siento, pero como ya sabéis ya no vale el “siempre lo hemos hecho así”, no nos queda más remedio que cambiar nuestra manera de hacer las cosas.
Si valoramos que nuestra empresa no funciona como desearíamos, ahora es el momento de decidir cambiar algo. Cualquier cambio de rumbo que nos planteemos afectará directamente a la organización interna de nuestra empresa o departamento. Y más nos vale que sea para bien. En la mayoría de los casos, solemos optar por hacer una
inversión importante para provocar este cambio. Una inversión de carácter tecnológico. Esta es una buena opción si esta inversión va a sernos realmente rentable y aprovechamos todo su potencial.
Si me permitís, me explicaré mejor con dos casos que todos podemos encontrarnos, si es que no lo hemos hecho antes.
Caso 1. Producto poco competitivo por causa del precio
Fabricamos un producto que cada vez nos cuesta más vender debido al precio: sus costes de fabricación son muy elevados porque no lo producimos lo mejor posible, necesitamos bajar los costes de producción, y por tanto el tiempo de proceso.
Solución: Comprar una máquina que haga alguna fase del producto de una manera mucho más rápida. Hasta aquí bien, pero hemos de tener en cuenta que está máquina nos cueste no sólo mucho dinero, sino también mucho esfuerzo en implantarla.
Problema: Después de algún tiempo conseguimos que la máquina funcione, pero la hemos tenido que adaptar a todas las ineficiencias internas que tenemos. La máquina está perfectamente bien diseñada y hace su función de manera intachable, pero se ha adaptado al mal funcionamiento del resto del proceso productivo. La fábrica sigue funcionando de una manera poco organizada, y por consiguiente a la maquina no le sacamos el rendimiento que esperábamos.
No hemos aprovechado todos nuestros recursos internos, no hemos mejorado nuestra organización interna antes de comprar la maquina, seguimos sin ser productivos. Y encima, la inversión que hemos hecho en esfuerzo y dinero… al traste.
Caso 2. La organización Interna del departamento no funciona
Nos encontramos en un departamento de cualquier empresa que no está optimizado, se repiten los procesos, no hay un responsable claro de las tareas. En definitiva, no existe coordinación en los procesos.
Solución: Compramos un software (ERP) para mejorar los procesos internos.
Problema: El departamento es caótico con o sin el nuevo software. Y de eso ya nos damos cuenta cuando la nueva aplicación ya está implantándose. De hecho, la situación puede llegar a ser mucho más caótica con el software, aunque éste funcione perfectamente. Seguimos sin ver la luz, no conseguimos organizar nuestro departamento, y hemos vuelto a gastar tiempo y dinero en algo para lo que nuestra empresa no estaba preparada.
Y todo esto porqué no hemos diseñado un mapa del proceso interno del departamento, y por consiguiente no sabemos cómo tenemos que funcionar para trabajar óptimamente. Cuando conozcamos los factores anteriores, podremos comprar el mejor software del mercado, y en ese momento sí nos puede ayudar a ser mejores.
Con estos dos casos sólo quiero relatar una experiencia que muchos ya hemos vivido. Por eso, antes de realizar cualquier inversión hemos de pensar si realmente solucionará nuestro problema y si es realmente imprescindible para nuestra mejora. Primero debemos preguntarnos siempre si internamente no nos podemos organizar mejor. Hay gran cantidad de fórmulas para hacer nuestras organizaciones más productivas. Una inversión mal estudiada puede ser un parche para tapar las ineficiencias internas, pero tened por seguro que luego saldrán a la luz con más fuerza.
¡Seamos productivos! Primero gracias a nuestra organización, y así luego podremos invertir en todas las mejoras tecnológicas que queramos y así ser realmente mejores.