Sin una gestión del cambio correcta, tu empresa peligra.

c5PvKbX0cinEuqvRzJWk5qyXIWfDJMxo4q8KuWg66y4El cambio, la innovación, la calidad, el conocimiento e incluso la creatividad no son conceptos  nuevos en el marco del desarrollo de cualquier organización. En el ámbito de la empresa, y además, en el de la sociedad, se han desarrollado un sinfín de modelos teóricos destinados a hacer frente a una situación cada vez más compleja y diversa, con el objetivo de mejorar, en definitiva, el funcionamiento de las organizaciones.

Cualquier organización,  basa su día a día, en la continua evolución, y en una profunda revisión de sus formas de hacer, que busca adaptarse a las condiciones sumamente cambiantes que le rodean. “Renovarse o morir”, es la típica frase que se utiliza en estos casos, y que pretende, de una forma simple, hacer ver que, aquello que en un momento funcionó, y dio la posibilidad de grandes triunfos, en otro, puede que no sea así, y nos lleve al fracaso.

Este concepto, que tratado de forma abstracta parece fácil de aplicar, no tiene los resultados deseados si no se cumplen antes una serie de condiciones. Para la puesta en marcha e implementación de un proceso de cambio, es necesario cumplir un conjunto de requisitos generales, como por ejemplo, un estilo de dirección que fomente la comunicación y el diálogo y una cierta jerarquización de los diferentes niveles. En resumen, un cambio o transformación no puede ser impuesto desde arriba, sino que ha de ser comprendido y asumido por todas las personas involucradas. La realidad es que, a pesar de que muchas empresas comprenden y llevan a cabo numerosas actividades de cambio, innovación o mejora, una gran parte de ellas no le dan importancia a la gestión de este cambio y la necesidad de llevar a cabo una gestión eficaz para favorecer la flexibilidad y la capacidad de respuesta rápida a nuevas situaciones cuando sea preciso.

El pasado es un lugar de referencia no un lugar de permanencia. Clic para tuitear

Es habitual que los directivos de una empresa tengan muy claro que se debe llevar a cabo cambios en la organización pero fallan a la hora de realizarlos. Y es que no solo es necesario tener claro que hay que hacer cambios en aspectos como, por ejemplo, la estrategia, diseño organizativo y tecnología para mejorar, adaptarse o anticiparse a las necesidades o situaciones externas de la empresa, sino que se tiene que tener claro que proceso hay que llevar a cabo, estar planificado, ser comunicado a todos los que participan y van a verse afectados por este, etc. Si no se realiza correctamente esta gestión podemos encontrarnos con una situación en la que un cambio bien visualizado y que supone una gran ayuda a la empresa en variados campos, por lo que es altamente necesario, fracase.

No debemos olvidar que cuando hablamos de la gestión del cambio tenemos que hacer referencia a otro factor que va a ser relevante para alcanzar las metas marcadas: la resistencia al cambio. Y es que cualquier factor de cambio va a provocar una resistencia por parte de aquellas personas que tienen que llevarlo a cabo ya que obliga a salir de la zona de confort en la que se encuentran. En muchas ocasiones esta resistencia viene originada por los miembros de la organización que perciben el cambio como un factor que va a reducir sus oportunidades profesionales, eliminar una posición que el empleado disfrutaba o aspiraba, reducir su poder de decisión y su relevancia en las actividades de la empresa, etc..

El proceso de cambio tiene que empezar en ti mismo como jefe y debes ser tú quien debes contagiar a tus empleados con el mismo entusiasmo y ganas que tú tienes. Para ello, debes conocer cuál es el objetivo que quieres alcanzar, por qué son necesarios los cambios, qué quieres mejorar con ellos y cómo puedes hacerlo para implicar al conjunto de tu organización en ellos, solo así se avanza al éxito.