¿Gestionas o diriges?

Cuando se habla de la tarea de dirigir una empresa hay una serie de conceptos que parecen similares pero que en el fondo son disciplinas y tareas distintas que han de llevarse a cabo para lograr los objetivos que nos planteamos.  Un error muy común en las PYMES es no comprender la diferencia entre dirección y gestión o, lo que es lo mismo, la diferencia entre estrategia y táctica.

Gestionar es organizar y utilizar los recursos basándose en sus principios fundamentales, la “eficiencia” y la “eficacia”. Con ellos, cualquier empresa se puede defender largo tiempo, pero no eternamente.

Dirigir en cambio, se basa en apoyarse en una organización pensada para el propósito estratégico de la empresa. Dirigir a las personas designadas para llevar a cabo las actividades y tareas, para sacar lo mejor de cada miembro del equipo, buscando lograr los objetivos tácticos que lleven a la compañía a la cuota de mercado adecuada.

Liderar y gestionar son dos roles distintos, pero ambos pueden ser representados por la misma persona. La gestión busca producir predictibilidad y orden, mientras que el liderazgo un cambio organizacional.

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Dirigir implica contar con personal de confianza con suficiente habilidad técnica. La gestión implica un gran conocimiento del cómo se hacen las cosas y la supervisión directa de la ejecución. Gestionar es ejecutar algo decidido por otro que dirige. Quien dirige desarrolla las metas y políticas generales convirtiéndolas en programas de acción. Quien gestiona se encarga de llevarlos a cabo con un mínimo margen discrecional.

La gestión implica un gran conocimiento del cómo se hacen las cosas y la supervisión directa de la ejecución. Clic para tuitear

Ambos roles son necesarios, pero los problemas pueden ocurrir cuando se hace más énfasis en un sólo rol. Una gestión fuerte que funcione por sí sola puede oponerse a tomar riesgos y crear burocracia sin un propósito claro. Un liderazgo por sí sólo puede interrumpir el orden y crear cambios que sean poco prácticos.

Los criterios para situar a una persona en uno u otro nivel de responsabilidad son técnicos, prudenciales y de confianza. Desde otro punto de vista se pueden clasificar en relacionados con los conocimientos conceptuales, conocimientos prácticos, actitudes relacionadas con los valores, con la voluntad y, finalmente, ciertas capacidades innatas. Todos ellos serían los propios de las personas encargadas de la dirección, mientras que el acento debería pivotar sobre los conocimientos y habilidades prácticas en las personas de gestión.

La importancia de liderar y gestionar depende, en parte, de la situación. Cuando una organización se vuelve más grande y más compleja, la importancia de gestionar se incrementa. Cuando el ambiente externo se vuelve más dinámico e incierto, la importancia del liderazgo incrementa. Ambos roles son cruciales para los ejecutivos en grandes organizaciones con un ambiente dinámico.